dissabte, 31 de gener del 2009

LA LITERATURA I ELS DESAPAREGUTS

México 1968 ¿Qué estaba haciendo?
El poeta y ensayista mexicano David Huerta, quien vivió en carne propia los sucesos del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, indica que como en toda tragedia en la que hay personas desaparecidas, la literatura ha servido para dar voz a éstas.

Mié, 01/10/2008 - 10:15
México.- La vida en México y en varias partes del mundo no volvió a ser la misma a partir de 1968. El movimiento estudiantil provocó cambios que no sólo impactaron en lo social, sino que impulsó con más fuerza una revolución artística que había iniciado a principios de la década de los 60.

El ejemplo, dice el filósofo estadounidense Noell Carroll, es que el arte de vanguardia de finales de los años 50 y principios de los 60 profetizó muchos de los temas políticos que sucederían a finales de esa década.

Es decir, se comenzaron a hacer obras que proponían la integración del arte y la sociedad, eliminaban la división entre el arte y la vida cotidiana y también hablaban de igualdad y de la disolución de distintas jerarquías.

Carroll, teórico de la Universidad de Temple, Filadelfia, señala que tras la Segunda Guerra Mundial el arte era muy formal. Por ello, el arte de los 60 atacó ese tipo de formalismo e hizo teóricamente posible que el arte fuera político, que no se preocupara sólo por sus propios temas, sino que fuera parte de la vida misma.

"En los movimientos de la vanguardia vemos una expresión simbólica de esta energía que va a emparejar y que animaría los movimientos de la democracia a finales de los años 60", señala.

El poeta y ensayista mexicano David Huerta, quien vivió en carne propia los sucesos del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, indica que como en toda tragedia en la que hay personas desaparecidas, la literatura ha servido para dar voz a éstas.

Destaca por ejemplo los trabajos de escritores como Joseph Conrad, Ryszard Kapuscinski, Michael Ondaatje y Sergio González Rodríguez, entre otros, donde los muertos se despliegan en las entre líneas y silencios de las narraciones.

"El trabajo de ellos consiste en dar voz a los desaparecidos, no concibo para la literatura una tarea más noble, más radical y esperanzadora", dijo el poeta, quien fue brigadista de la Preparatoria 6, durante el citado movimiento.

Al reflexionar acerca del contexto en que sucedió el movimiento de 1968 en México, el investigador de la UNAM, Daniel Cazés, recordó que en ese año en el país alcanzó su apogeo la política del desarrollo estabilizador encaminada a acelerar la industrialización y a elevar las tasas de crecimiento económico.
Impulsó el 68. dos. económico.

Además, el gasto público favorecía las ganancias privadas y se habían reducido las inversiones estatales en el campo y las destinadas al llamado "bienestar social".

"Pese a que lo queríamos todo y de inmediato, pese a que casi aceptamos ser exterminados, pese a que nuestra movilización fue derrotada con las armas, el terror y la cárcel, las generaciones de 1968 han contribuido a que se estructuraran nuevas formas de relación política, artística y cultural", aseguró.

"Los movimientos universitarios han sido una de las vías culturales necesarias para instaurar y desarrollar la secularización del conocimiento para establecer y preservar la autonomía del trabajo intelectual respecto de los poderes políticos y religiosos, y para flexibilizar el conjunto de las relaciones políticas".

Los movimientos universitarios, abundó Cazés, adquieren trascendencia cuando hacen eco de malestares sociales, los reflejan, estimulan las reflexiones de sus causas y proponen soluciones.

Su importancia es mayor si en ellos se reconocen fuerzas sociales dispares y dispersas porque entonces llegan a anticipar otros movimientos sociales y cambios sociales en diversos tipos de relaciones.

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