dimarts, 27 de gener del 2009

MÈXIC 68

Continuam amb Mèxic. En els tres enllaços que hi ha aquí trobareu un enllaç que permet accedir a alguns documents desclassificats nordamericans (primer enllaç, en anglès). El segon permet veure imatges duríssimes que es varen recuperar més de trenta anys després. I en el tercer us podeu davallar el llibre de Sergio Aguayo "Los archivos de la violencia" (300 pàgines en PdF molt aclaridores).

També us deixo dos textos molt interessants que lliguen el 68 mexicà amb els altres 68 i un altre que mostra com afectà el 68 de cap endavant.


http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB99/

http://www.camacho.com.mx/tlatelolco68/indice.html

http://www.sergioaguayo.org/contenido.php?id_seccion=252&id_contenido=159&nombre=DESCARGUE%20GRATIS%20EL%20LIBRO%20AGOTADO:%201968:%20Los%20archivos%20de%20la%20violencia



Vanguardia de la Universidad

Elena Poniatowska

Tlatelolco para universitarios


El año 1968 fue de Vietnam, de Biafra, del asesinato de Martin Luther King, del de Robert Kennedy después del de John F. Kennedy, su hermano y presidente de Estados Unidos; de la reivindicación del pueblo negro, de los Panteras Negras, del movimiento hippie que llegó hasta la humilde choza de María Sabina, en Huautla de Jiménez, Oaxaca, y sin embargo, para México, 1968 tiene un solo nombre: Tlatelolco, 2 de octubre.

Sal al balcón, bocón,

sal al balcón, hocicón.

Ho Ho Ho Chi Minh

Díaz Ordaz, chin, chin, chin.

Ho Chi Minh, el jefe de la República Democrática de Vietnam, era entonces tan carismático para los estudiantes como el Che Guevara. Ir a Vietnam era cometer genocidio y los estudiantes en Berkeley detenían a los futuros soldados sonriéndoles con una flor en la mano: “Peace and love”.

No sólo eran los estadunidenses los rebeldes; los jóvenes del mundo entero alzaban la mano, algunos con el puño cerrado, otros haciendo la V de la victoria. Tenían mucho que reclamarle a la sociedad. En Europa no había trabajo para los egresados de las universidades; en América, en África, en Asia, en Australia, el rechazo al orden establecido se había generalizado.

“La imaginación al poder”, “Entre más hago la revolución, más ganas me dan de hacer el amor; entre más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución”, “Prohibido prohibir”. Los estudiantes cantaban al son del corrido de Rosita Alvirez: “Año del 68, muy presente tengo yo, en un cuarto de los Pinos, Díaz Ordaz se desbieló, Díaz Ordaz se desbieló”. El gobierno perdía la paciencia: “Reconsideren, vuelvan a clases, agradézcanle al gobierno su paciencia, no se dejen engañar por los agitadores y los profetas de la destrucción”.

En mayo de 1968, en París, el general Charles de Gaulle, el alto héroe de la Segunda Guerra Mundial, fustigó a los estudiantes que levantaron barricadas con las piedras del pavimento, pintaron los muros de la Sorbona y rehusaban entrar a clase. “De Gaulle les dijo que no comprendía que siguieran a un líder judío-alemán, Daniel Cohen-Bendit, apodado Danny el rojo”. Al día siguiente, en una de sus marchas, los estudiantes tomaron la calle repitiendo una y otra vez:

“Todos somos judíos alemanes, todos somos judíos alemanes.”

Si en Francia la falta de oportunidades fue el reclamo, en México creció el rechazo al autoritarismo. Al gobierno del presidente Díaz Ordaz el país se le estaba yendo de las manos y eso en el año de las Olimpiadas. Por primera vez los Juegos Olímpicos se llevarían a cabo en un país de América Latina, el mundo entero tendría los ojos puestos sobre México, pero tras la mampara de los edificios olímpicos seguiría la miseria, la jerarquización de una sociedad hostil a los olvidados de siempre, la crueldad de un gobierno dispuesto a aparentarlo todo.

“No queremos Olimpiadas, queremos revolución. No queremos Olimpiadas, queremos revolución.”

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) protegió a sus estudiantes durante los 146 días del movimiento estudiantil y muchos de ellos hasta durmieron en las aulas con tal de no perder una sola de las asambleas. Ya el 30 de junio de 1968, día en que los soldados derribaron con una bazuka la antigua puerta de San Ildefonso, Javier Barros Sierra izó la bandera a media asta, gesto que le dio todo su valor a la disidencia. “UNAM, territorio libre de América”, decía una voz juvenil amplificada por el micrófono a todas las facultades, y Guillermo Haro, director del Instituto de Astronomía, sonreía. La toma de Ciudad Universitaria en septiembre y la detención de 500 alumnos y maestros conducidos en camiones del Ejército indignó al país. Los estudiantes rodearon a su rector Javier Barros Sierra, quien los defendía confrontando al presidente de la República y al resto del gabinete.

Esta larga marcha (a veces jubilosa, otras aterradora porque había muertos y encarcelados) terminó en la Plaza de las Tres Culturas, el 2 de octubre de 1968, a las seis y diez de la tarde, a manos del Ejército y del Batallón Olimpia, compuesto por hombres vestidos de civil que llevaban un pañuelo o un guante blanco en la mano derecha para identificarse.

En el momento en que un estudiante anunció, a las 6:10, que la marcha al Casco de Santo Tomás del Politécnico se suspendía, en vista de que 5 mil soldados y 300 tanques de asalto tenían rodeada la zona, un helicóptero sobrevoló la plaza y dejó caer tres luces de bengala verde. Se oyeron los primeros disparos y la gente empezó a correr.

–No corran compañeros, no corran, cálmense, son balas de salva.

Muchos cayeron. El fuego cerrado y el tableteo de las ametralladoras convirtieron la Plaza de las Tres Culturas en un infierno. Según la corresponsal del diario Le Monde, Claude Kiejman, el Ejército detuvo a miles de jóvenes a quienes no sólo mantuvo con los brazos en alto bajo la lluvia, sino que humilló bajándoles los pantalones. Algunos golpearon desesperados la puerta de la iglesia de Santiago Tlatelolco:

–Ábrannos, ábrannos –gritaban.

Los franciscanos nunca abrieron.

Ver las imágenes del 68 es darse una idea de la magnitud del peligro. Los soldados le disparaban por detrás a la gente que llegó a los hospitales con heridas en el cuello, la espalda, los glúteos, las piernas. Antonio Carrillo Flores, entonces secretario de Relaciones Exteriores, respondió a la pregunta del regente del 68, Alfonso Coronal del Rosal, acerca del peligro en su oficina de la torre de Relaciones Exteriores, que un hombre quedó muerto sobre su propio escritorio, según relata Raúl Álvarez Garín.

El mismo 2 de octubre, cuando la doctora en antropología Margarita Nolasco logró salir de la plaza, abrió la ventanilla del taxi que la llevaba a su casa y gritó a los peatones en la acera, a la altura de la Casa de los Azulejos:

–¡Están masacrando a los estudiantes en Tlatelolco! ¡El ejército está matando a los muchachos!

El taxista la reprendió:

–Suba usted la ventanilla, señora, porque si sigue haciendo esto, tendré que bajarla del coche.

Él mismo cerró la ventanilla.

La vida seguía como si nada. Margarita Nolasco perdió el control. “Todo era de una normalidad horrible, insultante, no era posible que todo siguiera en calma”. Nadie se daba por enterado. El flujo interminable de los automóviles subiendo por la avenida Juárez seguía su cauce, río de acero inamovible. Nadie venía en su ayuda. La indiferencia era tan alta como la de los rascacielos. Además llovía.

El 3 de octubre de 1968, los periódicos, para colmo, acusaban a los estudiantes: El Día, Excélsior, El Nacional, El Sol de México, El Heraldo, La Prensa, La Afición, Ovaciones minimizaron la masacre. El Universal habló de Tlatelolco como un campo de batalla en el que, durante varias horas, terroristas y soldados sostuvieron un combate que produjo 29 muertos y más de 80 heridos en ambos bandos, así como mil detenidos. Sin embargo, Jorge Avilés, redactor de El Universal, alcanzó a escribir: “Vimos al Ejército en plena acción utilizando toda clase de instrumentos, las ametralladoras pesadas empotradas en una veintena de jeeps, disparaban a todos los sectores controlados por los francotiradores”. Los corresponsales extranjeros se escandalizaron. “Es la primera vez en mi larga trayectoria que veo a soldados disparándole a una multitud encajonada e indefensa”, manifestó Oriana Fallaci.

Dos mil personas fueron arrestadas. Los familiares anduvieron peregrinando de los hospitales a los anfiteatros en busca de sus hijos. En el Campo Militar número uno no cupo un alfiler después de tanto muchacho arrestado. Los periódicos recibieron una orden tajante: “No más información”. Informar era sabotear los Juegos Olímpicos.

El 6 de octubre, en un manifiesto “Al pueblo de México” el Consejo Nacional de Huelga declaró: “El saldo de la masacre de Tlatelolco aún no acaba. Han muerto cerca de 100 personas de las cuales sólo se sabe de las recogidas en el momento: los heridos cuentan por miles”. En Posdata, Octavio Paz recogió el número que el diario inglés The Guardian consideró más probable: 250 muertos.

El periodista José Alvarado escribió: “Había belleza y luz en las almas de los muchachos muertos. Querían hacer de México morada de justicia y verdad, la libertad, el pan y el alfabeto para los oprimidos y olvidados. Un país libre de la miseria y el engaño.

“Y ahora son fisiologías interrumpidas dentro de pieles ultrajadas.

“Algún día habrá una lámpara votiva en memoria de todos ellos.”

A partir de esa fecha, muchos nos dimos cuenta de que habíamos vivido en una especie de miedo latente y cotidiano que intentábamos suprimir, pero había reventado. Sabíamos de la miseria, de la corrupción, de la mentira, de que el honor se compra, pero no sabíamos de las piedras manchadas de sangre de Tlatelolco, de los zapatos perdidos de la gente que escapa, de las puertas de hierro de los elevadores perforadas por ráfagas de ametralladora.

Hoy, en 2007, a 39 años de la masacre, la ventanilla sigue cerrada. Todavía hoy, a 39 años, faltan nombres en la estela del Memorial levantado por el Comité de 1968 que encabeza Raúl Álvarez Garín. Quizá nunca sepamos el número exacto de muertos en Tlatelolco. Sin embargo, resonará en nuestros oídos durante muchos años la pequeña frase explicativa de un soldado al periodista José Antonio del Campo, de El Día:

“Son cuerpos, señor...”

A 39 años, la consigna “Dos de octubre no se olvida” se grita en la marcha en la que participan jóvenes que ni siquiera habían nacido. El Comité del 68 logró llevar al ex presidente Luis Echeverría al banquillo de los acusados y hoy vive preso en su casa. Pero necesitamos que los responsables sean enjuiciados, que la historia de los jóvenes asesinados sea rescatada, necesitamos rendirles homenaje porque a ellos los mataron por creer que podían cambiar al mundo.

La matanza del 2 de octubre es una de las masacres más evidentes de los comienzos del terrorismo de Estado en América Latina. En Argentina los familiares de los desaparecidos persiguen a los culpables, señalan su casa con pintura roja de sangre. En México, no tenemos aún el número exacto de muertos ni hemos enjuiciado a los responsables.

No pretendemos hacer justicia por mano propia, pero señalar a los culpables es la única manera de que la historia no la escriban sólo los poderosos. Es la única forma de hacer más habitable un país, en el que mueren de hambre 5 mil niños al año.

Es de toda justicia que Tlatelolco, ese espacio en el que cayeron universitarios y politécnicos, pertenezca hoy a la UNAM. Es de toda justicia recordar al rector Javier Barros Sierra. Es de toda justicia señalar a los responsables. En esta explanada hubo una matanza; esclarecer los hechos es el mejor homenaje que podemos rendirles a los muertos y desaparecidos. ¡Qué gran vergüenza mirar la plaza día tras día sin saber cuántos ni quiénes eran! La tarea corresponde a todo México, a cada quien desde su lugar. Es nuestro legado a los universitarios para que la atrocidad no quede impune. Si no lo logramos seguirán los criminales corrompiendo a nuestro país.

Si no hay verdad y justicia, el 2 de octubre del 68 puede asolarnos de nuevo. La universidad es la gran educadora, el barómetro moral de nuestro país, y la primera de sus enseñanzas es la ética. A partir de ella puede construirse el México que todos buscamos. Es la UNAM quien convertirá esta plaza en una lámpara votiva, como pidió José Alvarado.

Texto leído por la periodista, escritora y colaboradora de La Jornada ayer, durante la inauguración del Memorial del 68 en el Centro


Estimado lector, el siguiente ensayo tiene como finalidad de mostrar algunos de los acontecimientos que se dieron durante 1968 y confirmar mi postura en cuanto a que la represión castrista del gobierno de Díaz Ordaz y en su momento de Echeverría, son el inicio del derrumbe del PRI, como partido en el gobierno y no así como partido político, lo que provoca que el 2 de julio del 2000, el triunfo del PAN con su candidato Vicente Fox obtengan un triunfo arrollador.

En efecto, el 68 es el inicio del cambio, no lo detengamos, aportemos y apoyemos al gobernante, exijámosle lo que como ciudadanos nos corresponde, no importa si es PAN, PRI o el soñador PRD, seamos los mexicanos los promotores del cambio y no los partidos con sus intereses mezquinos.

Cordialmente.

Mtro. Víctor Manuel González Durán





En este escrito se aborda lo que en términos generales fue este movimiento estudiantil, ya que apenas se han abierto los expedientes y poder conocer lo que en realidad sucedió o por lo menos acercarnos a una posible verdad, ya que existen muchos intereses que no permiten que se desarrolle una investigación amplia, por lo que es posible solamente conozcamos una parcialidad de lo que pasó, porque como ya sabemos, la historia solo es una y los historiadores son los que la van dando a conocer, talvez a como ellos la entienden y la interpretan a su manera.
CRONOLOGIA DE SUCESOS.
En la investigación del México 68, en esta se relatan las primeras manifestaciones e indicios de descontento externado de el estudiantado hacia el gobierno Federal, cuenta como va tomando fuerza el movimiento, hasta el grado de preocupar tanto al gobierno para hacerlo perder la cabeza, se van uniendo simpatizantes a la causa del CNH, los terribles sucesos del 2 de Octubre y lo que vino detrás de el.
El 22 de julio se registró una pelea entre estudiantes de la Vocacional 2 del IPN y de la preparatoria particular Isaac Ochoterena, en la Ciudadela.
Al día siguiente, en represalia, preparatorianos universitarios apedrearon la Vocacional.
El 26 de julio una manifestación de estudiantes que conmemoraba la Revolución Cubana chocó con otra organizada por la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), que protestaban por la intervención policiaca durante la pelea entre alumnos de la Vocacional 2 y los preparatorianos. La manifestación fue reprimida duramente por la policía. Los días siguientes tuvieron lugar enfrentamientos entre policías y estudiantes.
El 29 de julio la policía y el ejército rodearon planteles escolares de la Preparatoria Nacional y del IPN, sobre todo en el centro de la ciudad. Con un disparo de bazooka fue destruida una puerta colonial de la Preparatoria 1. Los planteles 1, 2, 3, 4 y 5 de la ENP fueron tomados por las fuerzas públicas.( El 1, 2 y 3 de agosto fueron devueltos los planteles a la UNAM).
El 30 de julio, en la Ciudad Universitaria, el rector Barros Sierra izó la bandera nacional a media asta y las transmisiones de Radio UNAM concluyeron temprano, en señal de luto. La policía abandonó las instalaciones de la Preparatoria 5.
El 1 de agosto el rector encabezó una manifestación que, desde CU, recorrió la avenida Insurgentes hasta Félix Cuevas, dobló por ésta hacia avenida Coyoacán y regresó por la avenida de la Universidad al punto de partida, concluyendo con un mensaje del ingeniero Barros Sierra.
El presidente Díaz Ordaz, en un discurso pronunciado en Guadalajara, ofreció su "mano tendida" a quien quisiera estrecharla. Al día siguiente fue formado el Consejo Nacional de Huelga (CNH). El 5 de agosto, una copiosa manifestación estudiantil salió de Zacatenco hasta el casco de
Santo Tomás. La UNAM informó que todas las escuelas y facultades habían reanudado labores, excepto Ciencias Políticas.
Para el 13 de agosto se realizó la primera manifestación estudiantil al Zócalo, que partió del Museo Nacional de Antropología. El movimiento estudiantil planteó 6 puntos como demanda popular, entre ellos, el cese del jefe y subjefe de la policía, general Cueto Ramírez y coronel Mendiolea Cerecero, respectivamente, además de la derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal en el que se sancionaba el delito de disolución social.
El Consejo Universitario estableció 8 demandas, coincidentes en general con las estudiantiles. Se sumaron al movimiento estudiantes del Conservatorio Nacional y de la Normal Superior. El CNH declaró que la FNET no representaba alestudiantado.
El 22 de agosto el gobierno declaró que tenía la mejor voluntad de dialogar con representantes estudiantiles. Profesores y estudiantes respondieron afirmativamente, siempre y cuando el diálogo se realizara en presencia de la prensa, la radio y la televisión.
El 27 de agosto salió una manifestación desde el Museo de Antropología hasta el Zócalo, donde los estudiantes permanecieron en la plaza e izaron una bandera rojinegra a media asta, que luego fue arriada.En la madrugada, quienes permanecieron allí fueron desalojados por la fuerza pública. Al día siguiente hubo un acto de desagravio a la bandera nacional, al que asistieron trabajadores al servicio del Estado. Nuevo enfrentamiento con fuerzas públicas. Comandos del ejército se apostaron en las cercanías de la Ciudad Universitaria y de Zacatenco.
El 1 de septiembre, el presidente amenazó con sofocar el movimiento estudiantil. El día 7 de septiembre se celebró un mitin en Tlaltelolco. Dos días después, el rector de la UNAM hizo un llamado a la comunidad para volver a la normalidad, sin renunciar a sus fines. Hubo división de opiniones en torno al llamado del rector.
El 13 de septiembre se celebró la manifestación del silencio, a lo largo del Paseo de la Reforma. Se unieron a ella grupos populares.
El 18 de septiembre el ejército ocupó la Ciudad Universitaria. Hubo detenidos. Cabe aclarar que las actividades de investigación y administrativas no se habían interrumpido, así como algunas de difusión cultural. Sólo la actividad docente permanecía interrumpida.
El 19 de septiembre, el rector protestó por la ocupación militar, que duró 12 días.
La Cámara de Diputados, en voz de su líder Luis Farías, atacó al rector Barros Sierra, quien presentó su renuncia, que no le fue aceptada.
La Junta de Gobierno le pidió expresamente que permaneciera al frente de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El 1 de octubre se reanudaron las labores de investigación, administración y, parcialmente, las de difusión cultural. El CNH decidió mantener la huelga escolar.
La tarde del 2 de octubre de 1968, cuando la ciudad guardaba un sospechoso silencio, miles de estudiantes salieron a la calle a protestar contra el autoritarismo gubernamental, que se hacía presente en persecuciones,
secuestros, torturas y asesinatos contra quienes le mostraban públicamente su rechazo, el régimen respondió enviando al ejército y toda su estructura policiaca a reprimir y asesinar a quienes osaron manifestarle su repudio.
Así fue, el 2 de octubre de 1968, esa fué la fecha . . . se celebró un nuevo mitin en la Plaza de las Tres Culturas de Tlaltelolco. Tras una señal luminosa se abrió fuego contra el Edificio Chihuahua, donde supuestamente se encontraba el CNH. Asimismo, se disparó contra la multitud, con un saldo de muchos muertos, heridos y detenidos.
Días después, el CNH anunció que, pese a la represión, el movimiento continuaría. Para entonces habían sido detenidos muchos de sus dirigentes.
El 12 de octubre fueron inaugurados los XIX Juegos Olímpicos, en la Ciudad Universitaria. Para ello, se declaró un periodo vacacional. Después de la clausura de los juegos, la actividad universitaria tendió a normalizarse.
El número de detenidos, entre estudiantes y profesores, era considerable.
La huelga estudiantil concluyó oficialmente el 4 de diciembre. El rector se negó a aceptar un voto de confianza que le otorgó el Consejo Universitario en su sesión del 20 de diciembre. Por último, fue aprobado un informe de demandas que presentó la Universidad con motivo del movimiento estudiantil.
El rector logró pronto que la comunidad universitaria volviera a la normalidad académica y cultural. En el informe presidencial de septiembre, Gustavo Díaz Ordaz asumió toda la responsabilidad de su política en torno al movimiento estudiantil-popular del año anterior. Seguían detenidos los principales líderes del movimiento: Luis González de Alba, Gilberto Guevara Niebla, Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Sócrates Campos Lemus, así como los profesores Fausto Trejo, Heberto Castillo, Elí de Gortari y José Revueltas, entre otros. La sucesión presidencial fue decidida en favor del secretario de Gobernación, licenciado Luis Echeverría Alvarez, quien desarrollaría una campaña electoral exhaustiva.
A fines de mayo de 1971 surgió un conflicto entre el gobierno de Nuevo León y la Universidad Autónoma del Estado. El estudiantado neoleonés pidió apoyo
al de la República. En el Distrito Federal hubo respuesta positiva de parte del sector estudiantil de la UNAM y del IPN. La agitación creció durante los primeros días de junio. La crisis aumentó en Nuevo León.
Se programó una gran manifestación para el jueves 10 de junio en las zonas aledañas al casco de Santo Tomás, principalmente en la Ribera de San Cosme. Pese a que se difundió la noticia de que el gobernador Elizondo había renunciado, se decidió llevar a cabo la manifestación. No acababa de empezar cuando los estudiantes fueron atacados por un grupo paramilitar denominado "los halcones". La policía había acordonado la zona desde Insurgentes Norte y Manuel González. Nadie se responsabilizó del ataque y se negó la existencia del grupo paramilitar. De inmediato procedió la renuncia del jefe de la policía, Flores Curiel, y la del Jefe del Departamento del Distrito Federal. Nunca se deslindó quiénes fueron responsables de los hechos. Las únicas víctimas ciertas fueron los jóvenes caídos.
La crisis política posterior fortaleció al presidente, quien recibió el respaldo de connotados intelectuales, que plantearon la disyuntiva: "Echeverría o el fascismo". El presidente, poco a poco, fue desarrollando una política de deslinde radical con su antecesor, así como su estilo personal de gobernar. En política internacional se inclinó hacia la posibilidad de formar un bloque independiente y de fortalecer al Tercer Mundo. En la política interior renació el populismo. Pronto dio la amnistía a los presos políticos de 1968 y a algunos de ellos los llamó a colaborar en su gobierno.
El 14 de marzo de 1975 el presidente de la República, Luis Echeverría, acudió a inaugurar el año lectivo, como se acostumbraba hasta el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. El acto tuvo lugar en la Facultad de Medicina de la UNAM, a donde asistió una multitud. Al final de la ceremonia una piedra alcanzó la frente del primer mandatario.


DESPUÉS DEL 2 DE OCTUBRE.
En la ciudad de Nueva York, en el sexto piso del numero 50 de la plaza Rockefeller se encuentra la "Fotobiblioteca" de la AP (Prensa Asociada). En el archivo fotográfico de ésta agencia, el 68 mexicano descansa en un folder delgado.
Adentro se encuentran fotos y negativos que captan diversos momentos del movimiento.
Sin duda, este suceso atravesó barreras y tampoco podemos dejar de lado los diversos comentarios que se sucedieron en torno al caso. Al menos dos periódicos estadounidenses y una revista francesa publicaron esta secuencia gráfica.
El diario The Washington Post, la publico en su edición del 3 de octubre, en la pagina 10 de su primera sección:
"Un hombre y una mujer pedían ayuda, mientras una tercera persona yacia muerta a su izquierda, momentos después, la mujer fue muerta; el hombre también murió".
A su vez en el diario Los Angeles Times aparece en la edición del 4 de octubre, en primera plana. "la muerte llama dos veces" y explica desde su punto vista el mismo suceso:
" Un hombre y una mujer se abrazan en un balcón de la ciudad de México, donde quedaron atrapados en una balacera. Otro hombre, a su izquierda, esta muerto. Al centro, la mujer, que ha sido herida, baja la cabeza, mientras su compañero la levanta; él ha muerto. Ella sobrevivió"
La señorita Falleci, periodista italiana, herida en el lugar de los hechos, relata el terror que vivió en México y califico al enfrentamiento como una " cosa terrible e increíble". Es identificada como la mujer en las fotos de la Prensa Asociada (antes mencionadas), tomadas por Díaz a pesar de que los soldados impedían que se tomaran fotos y confiscaban a su paso cámaras y las propias películas fotográficas.
El belga Claude Klejman, del vespertino Le Monde, cuenta:
"A la inversa de la versión dada por la mayoría de los diarios mexicanos, en este momento no se disparo un solo tiro desde los edificios que rodean la plaza, ni tampoco de las azoteas. En cambio, entre la multitud se ven hombres vestidos de civil, con un guante blanco en la mano izquierda, que hacen señales a los militares. Después de esas señales, estos últimos abren un fuego nutrido contra la multitud. Los soldados van llegando de todas las calles. Habrá mas de 5 mil... estos soldados matan. La mayoría de los estudiantes ayudan a las mujeres a escapar, las protegen. ¿Cuántos muertos? ¿Cincuenta... doscientos?"
Finalmente éstos son los relatos de un par de periodistas extranjeros, ahora lo importante es saber que pensaron los mexicanos, todos aquellos comunicadores que siguieron día a día la evolución de esta protesta que desemboco en lo que todos ya conocemos. Por esto citamos a uno de "Los Grandes" dentro de ese medio, al licenciado Jacobo Zabludovsky.
El 3 de octubre de 1968, al día siguiente de la matanza de Tlaltelolco, Jacobo Zabludovsky recibió una llamada del Presidente Gustavo Díaz Ordaz en las instalaciones de Telesistema Mexicano (hoy Televisa). El presidente le reclamo a don Jacobo que en el noticiero de la noche hubiera aparecido en pantalla usando una corbata negra. Díaz Ordaz estaba muy molesto. Don Jacobo Zabludovsky le explico: " señor presidente yo uso corbata negra desde hace años. . .".
Esta anécdota es para mostrar de que manera todos los medios fueron sometidos a una estricta vigilancia y censura por parte de las autoridades castrenses del sexenio de Díaz Ordaz. Estaban empeñados en que en ninguno de los medios de comunicación diera una información que el gobierno considerara excesiva y dañina para su ya deteriorada imágen.
El propio Lic. Zabludovsky afirma que de todos los noticieros del momento el mas importante era el "Excélsior". Es por este motivo que nos referiremos a un par de artículos de la época.
El 3 de octubre de 1968, surgen las primeras declaraciones del director de relaciones de la presidencia y el articulo se titula:
" 20 MUERTOS, 75 HERIDOS Y 400 PRESOS"
A la una de la madrugada los corresponsales extranjeros fueron trasladados a la residencia presidencial de Los Pinos en dos autobuses especiales. Allí se efectuó una rueda de prensa en la que no de manera oficial se dio amplia información a los periodistas del exterior.
El señor Fernando M. Garza, director de Prensa y Relaciones Públicas de la Presidencia de la República, dijo ante poco más de 60 periodistas y corresponsales extranjeros que en los disturbios del día anterior hubo "Cerca de 20 muertos, 75 heridos y más de 400 detenidos".
Afirmó que la intervención de la autoridad, en la Plaza de la Tres Culturas, "acabó con el foco de agitación que ha provocado el problema".
La entrevista de Garza con los periodistas extranjeros ocurrió poco después que los corresponsales, mediante el señor Raimundo Cuervo, insistieron en obtener información oficial sobre los acontecimientos. Otra de sus afirmaciones fue:
"Se garantiza la tranquilidad durante los Juegos Olímpicos. Hay y habrá vigilancia suficiente para evitar problemas".
Por su parte, El secretario de la Defensa Nacional, general Marcelino García Barragán, dijo en una conferencia de prensa:
"No se decretará el estado de sitio; México es un país donde la libertad impera y seguirá imperando".
De esta manera el gobierno establece claramente que fue una decisión que debía tomarse ya que la mayoría del pueblo mexicano lo que busca continuamente es la paz y la tranquilidad. Así, hace un llamado a los padres de familia para que controlen a sus hijos, mientras que en los hospitales de la ciudad decenas de estudiantes están en calidad de detenidos y serán puestos a disposición del procurador general de la República. Sobre las medidas de seguridad afirmo:
"Esto puede repercutir; pero no creo que se repita; no permitiremos más desórdenes. Creo que los padres de familia van a atener el llamado que les hemos hecho. No se puede permitir que sigan quemando vehículos del servicio público y cometiendo tropelías. Se continuará patrullando la Plaza de las Tres Culturas y las zonas donde hubo disturbios."
Pero ¿ qué fue lo que realmente paso? Nadie lo sabe con precisión, es por esto que he decidido mostrar apoyarme en el relato de Miguel Angel Martínez Agis publicado en el periódico Excélsior el 3 de octubre del 68, el articulo se titula "Edifico Chihuahua": 18:00 hrs.
Tercer piso del edificio "Chihuahua". Poco más de 10,000 personas en la Plaza de la Tres Culturas. Tres estudiantes han usado el micrófono. Uno de ellos para las presentaciones, otro del Politécnico y uno más de la Universidad.
En el balcón central del edificio están los periodistas (Fallecí), algunos fotógrafos y camarógrafos. Reporteros y corresponsales extranjeros. Los oradores atacaron a los políticos, a algunos periódicos, inclusive llegaron a proponer el boicot contra un diario capitalino. Entre aplausos fueron recibidos unos obreros. Se dijo que eran ferrocarrileros. Exhibían una manta que decía: "Los ferrocarrileros apoyamos el movimiento y desconocemos las pláticas Romero Flores-GDO". Inclusive algunos de ellos anunciaron la iniciación de paros escalonados.
Cuatro luces de bengala de color verde cayeron sobre los espejos de agua.
Eran las 18:10 horas. Varios centenares de agentes de la Policía Judicial, de la Procuraduría General de la República, de la Dirección Federal de Seguridad llegaron y gritaron a los periodistas: "¡Bájense!" Llevaban las pistolas en la mano.
Los mismos agentes decían a los estudiantes: "¡Alto aquí. Nadie se mueve..!" Se inicia el tiroteo.
Los periodistas apenas alcanzaron a bajar. Se inicio una intensa balacera.
Disparos al aire, ráfagas de ametralladora. Carreras de todos. Los elevadores atascados, los agentes cubrieron las dos escaleras de acceso.
Abajo, en la plaza, la gente se arremolinaba. Caía, se despeñaba sobre las escaleras de piedra frente a la iglesia de Santiago Tlaltelolco. Por los altoparlantes se escuchó: "¡No se vayan. No se vayan..!" Al mismo tiempo, por un costado del edificio de Relaciones Exteriores entra el Ejército. Más disparos. En este tercer piso son detenidos unos cuarenta estudiantes del Consejo Nacional de Huelga. Oscurecía. No había luz en el edificio.
Sócrates está entre los apresados. Esposados, agazapados, pegados a la pared de las escaleras, impulsados por gritos de los propios agentes, dos periodistas bajan al segundo piso. Unos quince o veinte minutos, mientras la balacera continuaba sin cesar.
Agentes y periodistas, juntos, contra la puerta del departamento 210. La chapa cedió. No había nadie. Sus moradores huyeron. En el pasillo del departamento hay dos teléfonos, y todos quieren usarlo. Siguió el desfile de seis heridos: tres policías de la Judicial y tres de la Federal de Seguridad, además de Oriana Fallaci y una mujer grávida, con su hijo de doce años.
El jefe de la DFS habla por teléfono. "¿Hay francotiradores?" Por teléfono el mismo jefe de la DFS informó:
"Aquí sólo nos movemos y nos disparan. Hay francotiradores. Necesitamos que manden un convoy de ambulancias civiles para ver si los dejan pasar y saquen los heridos. Que vengan con las sirenas abiertas para mostrar que son ambulancias..."
2 de octubre...no se olvida, de eso no cabe duda y por ese motivo marchas posteriores se denominaron así al igual que el articulo de Martha Anaya escrito años después.
La marcha fue impresionante. Unos volvían 25 años después; los más pisaban la Plaza de las Tres Culturas por primeras vez. Pero los viejos líderes pintando canas. Emociones encontradas: tristeza, orgullo, nostalgia. Testigos de una lucha que aún no muere....
Entre ellos mismos se miraban, se reconocían. Recordaban. Se abrazaban al caer la noche. Miraban aquellos muros del templo que quedaron manchados de sangre. Los terrenos por los que se arrastraron para salir de Tlaltelolco hace años. Las veces que se levantaron para correr y que otros no pudieron ya hacerlo.
La citas para esta marcha convocada por el Comité Nacional de Huelga fue el Zócalo de la ciudad de México. Cuatro de la tarde.
Pero desde mucho antes, la gente comenzó a llegar. Jóvenes y más jóvenes aparecían por las calles, bajaban de autobuses que habían tomado, brincaban y corrían en torno de la Plaza de la Constitución, mientras las puertas de Palacio Nacional se cerraban y el astabandera quedaba desnuda.
Estudiantes de economía, de la Facultad de Estudios Superiores, de Bachilleres, de la Escuela Nacional de Antropología... Ahí mismo se terminaban de pintar mantas. Y volvían a escucharse las viejas consignas:
"¡Gobierno-farsante-que-matas-estudiantes"! ¡Sí-que-re-mos-la-verdad, de-mo-cra-cia-y-li-ber-tad", "No-que-no, sí-que-sí, ya-Vol-vi-mos-a-sa-lir!", "¡El-pue-blo,-u- ni-do,-Ja-más-se-rá-ven-ci-do!"
La plaza estaba repleta, para entonces pasaban de las ocho de la noche. La gente partía rápidamente. La Plaza de las Tres Culturas quedaba tapizada de flores rosas rojas, claveles blancos, zempazúchil, de veladoras encendidas.
Fue entonces cuando una mujer mayor y su hijas llegaron hasta la mitad de la Plaza. Llevaban un ramo de claveles rojos. Se inclinaron y comenzaron a acomodar las flores. ¿Perdieron ustedes algún familiar en el 68? Pregunto Martha Anaya. La mujer me miro asustada. Lo negó de inmediato. Y no quiso hablar más. Quedó ahí... de rodillas... sin mencionar su nombre, sin manifestar abiertamente por qué estaba ahí, así, adolorida... Y han pasado años...
EL INICIO DE LA TRANSICIÓN. "1968"
La trascendencia del movimiento del 68, radica fundamentalmente en la conducta cívico-política que han adoptado los mexicanos (el nuevo ciudadano o el ciudadano renovado) en el acontecer nacional de entonces hasta nuestros días, ello generó que la participación ciudadana en las cuestiones públicas y políticas, sea hoy, gran capital de nuestra incipiente democracia.
Seguramente ahondar en las razones del surgimiento del conflicto del 68 llenaría cuartillas con información por demás interesante, además de pensar en que cada uno de los protagonistas del conflicto, evidentemente, tienen una versión distinta de los hechos, sin embargo, considero que lo que debemos rescatar de ese episodio de la vida nacional es un elemento que en la actualidad, a los jóvenes pareciera no serle familiar: "la conciencia política".
Pensar en el 2 de Octubre de 1968, nos remite a las demandas que exigían los estudiantes al gobierno cumplir, en nuestra opinión, uno de esos puntos que tuvo gran trascendencia y que sobretodo, evidenciaba, el sistema autoritario de gobierno, fue la petición de la derogación del artículo 144 bis y el 141, "disolución social" del código penal del Distrito Federal que era usado como argumento legal para realizar detenciones a diestra y siniestra.
El desenlace en Tlaltelolco, evidentemente, no fue "un hecho aislado", por el contrario parecía ser el común denominador de la reacción del grupo gobernante para resolver los conflictos. El signo de violencia como manifestación de la intransigencia del gobierno fue el elemento principal para solucionarlos. La censura y la corrupción eran escandalosas, según Raúl Álvarez Garín, la misma nota del periódico aparecía varias veces firmada por distintos reporteros, ya que la misma era redactada por la misma Secretaría de la Presidencia.
En 1968 se empezaron a romper patrones de conducta arraigados desde siempre en la sociedad mexicana, patrones de sumisión donde la falta de libertad en todos los sentidos imperaba en el país, por ejemplo, antes del 68, era impensable que un profesor se presentara a impartir clases sin saco y sin corbata; las condiciones sociales en torno al conflicto estudiantil siempre estuvieron ligadas con algún evento político.
Las elecciones presidenciales de 1988, controvertidas en el fondo mismo del pensamiento de los ciudadanos que sufragamos, nadie creyó que el sistema se hubiera caído, simplemente el entonces Secretario de Gobernación Manuel Bartlett Díaz lo desconecta y afirma la victoria de Carlos Salinas de Gortari., los diferentes grupos políticos afirman que sus candidatos son los triunfadores: Clouthier por el PAN, Cárdenas por el PRD, no se sabrá, porque además se quemó el ala del Palacio Legislativo en el que se encontraban las actas del proceso electoral en el que como usurpador asume la presidencia Carlos Salinas -cualquier semejanza con el ascenso al poder de Victoriano Huerta es mera coincidencia- lo mismo la muerte del presidente Madero y la del candidato Luis Donaldo Colosio. La muerte de Madero ¡Sí fue magnicidio, era presidente, la de Colosio no lo fue, él era simplemente un candidato, en ese momento ni siquiera tenía un cargo público.
El temor se apodera de la población en las elecciones de 1994, gana por mayoría Ernesto Zedillo, es legítimo en cuanto al sufragio cuantitativo, pero en lo cualitativo no lo es, ya que cuando se vota a favor por miedo, se pierde el valor del triunfo, en seis años nunca se supo cual era el rumbo de Zedillo.
En las elecciones del 2000, el triunfo de la oposición legitima la lucha iniciada durante 1968, lejos de lo que piensan algunos analistas, que el 2 de julio inicia la transición, creo que ésta confirma lo iniciado el 2 de octubre, con la sangre de los primeros luchadores y mártires del modernismo mexicano, de la naciente democratización.

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