diumenge, 25 de gener del 2009

MÈXIC 68




Continuam sense marxar de Mèxic. Us adjunto tres informacions aparegudes en diversos mitjans en diferents èpoques, perquè de cada vegada van apareixent més informacions sobre la massacre. També hi ha un molt bon resum dels fets aparegut a la wiki i un vídeo sensacional fet per una televisió mexicana que es troben en els enllaços que hi ha al final del post.




Méjico, 1968:
Matanza en la Plaza de las Tres Culturas (Tlatelolco)

Méjico, 2 de octubre de 1968. Diez días antes del inicio de los Juegos Olímpicos, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz liquida a sangre y fuego la revuelta estudiantil, entre 300 y 500 jóvenes mueren masacrados por disparos del Ejército en la Plaza de Tlatelolco, también conocida como Plaza de las Tres Culturas. Más de 6.000 son detenidos.

Durante los últimos 33 años, los diferentes gobiernos del PRI mantuvieron la tesis oficial de que fueron los estudiantes quienes iniciaron los tiroteos con francotiradores colocados en los edificios de la plaza. Esa versión fue rebatida por muchos de los protagonistas e investigadores, los testimonios hablaban de lo contrario: de agentes provocadores infiltrados, de gente vestida de civil con guante blanco en la mano izquierda que iniciaron el fuego indiscriminado.

Las fotografías, proporcionadas por un informante anónimo a la corresponsal en Madrid de la Revista mejicana «Proceso», constituyen una prueba inédita e irrefutable de lo que era un secreto a voces: la matanza de Tlateloco fue un sangriento crimen de Estado. Muestran por primera vez las caras de los verdugos, y la acción de los hombres del guante blanco del Batallón Olimpia (siempre negada por el gobierno) así como la perfecta coordinación de éstos con el Ejército. Según el informante, las fotos fueron tomadas por un fotógrafo del gobierno lo cual pone de manifiesto la convicción de total impunidad con que actuaron los verdugos que dejan ser retratados; pero también demuestran que en los archivos oficiales del Estado mejicano debe existir la documentación más que suficiente para conocer las responsabilidades y hacer justicia.

Una vez más, la lucha contra la impunidad en un país hispano puede contribuir no sólo a saldar la deuda pendiente con las víctimas y juzgar a los responsables de los crímenes de Estado; sino a destapar las tramas de la sangrienta represión que en Iberoamérica acaba siempre concluyendo en algún despacho oficial de los EEUU.
Testimonio de la familia de una de las víctimas:
Romper el silencio

Diana Rivera es hermana de una de las víctimas de Tlatelolco, su hermano Guillermo (Chomy) era un adolescente de 15 años en el momento de ser abatido y muerto por tres impactos de bala. Asistió al mitin de Tlatelolco sin pertenecer a ninguna organización.

Ella también se dirigía hacia allí: «Sin embargo, ya no pudimos entrar a la plaza. Los soldados habían bloqueado la zona y nosotros nos quedamos atrás de los tanques. Unos jóvenes que huían nos dijeron: ÔEstán matando a todo mundoÕ. No había necesidad de que nos lo dijeran; nosotros escuchábamos los disparos y olíamos la pólvora.

Pensamos en ese momento que la represión era más selectiva, que sólo se disparaba contra los dirigentes. No imaginábamos que el tiroteo fuera contra el grueso del mitin». Su hermano cayó herido de muerte tras los primeros disparos, supieron que lo habían trasladado a un hospital militar y que allí falleció, persiguieron a la ambulancia que transportaba el cadáver: «Aquella persecución fue una pesadilla, no sabíamos adónde llevaban el cuerpo.

Seguimos a la ambulancia que entró finalmente al edificio del Servicio Médico Forense. Allí vi una de las cosas más espantosas de mi vida: las planchas eran insuficientes, por lo que estaban repletas de cadáveres amontonados, unos encima de otros. Había cuerpos de niños, de niñas, de mujeres embarazadas... Habría algunos 200 cadáveres de gente masacrada. La misma escena cuya foto vi después publicada en la revista ¿Por qué?, que dirigía Mario Menéndez. Esa foto yo la viví. Yo vi esa escena».

Una mentira a cambio del cadáver «Los familiares de las víctimas estábamos apiñados en el vestíbulo del Médico Forense, en la puerta había muchos soldados y policías. Era difícil encontrar un espacio para sentarse. Familias completas llorando; hombres, mujeres, niños. Ahí, en el Médico Forense, nos dijeron que solamente podíamos sacar el cadáver de mi hermano si testimoniábamos, en el acta de defunción, que había muerto por otra causa. Teníamos que elegir: decir una mentira para poder llevarnos el cuerpo, o bien, quedarnos sin él por insistir en la verdad.

No nos quedó más alternativa que dejar asentado que mi hermano murió por otras causas, ahorita ya ni recuerdo cuáles. Llevamos el cuerpo a un pequeño velatorio empezó a llegar gente: amigos, estudiantes de la vocacional que eran todavía unos niños. Llegó también una delegación del movimiento estudiantil. Nos ofrecieron 500 pesos que habían juntado en una colecta. No los aceptamos. Les dijimos que los guardaran para el movimiento.

Ellos hicieron guardia ante el ataúd.» Diana considera que será imposible investigar los hechos basándose en actas ministeriales o en certificados de defunción, puesto que en aquel entonces los familiares fueron obligados a poner otras causas de las muertes. «Más que por las actas, la investigación tendría que guiarse por testimonios de los familiares de las víctimas. Pero entre nosotros nunca hubo contacto. No había esa conciencia del derecho que hay ahora.

Y era tal el miedo a la represión, que los familiares prefirieron callar. Hoy es difícil imaginar el ambiente de terror que había en aquella época, cuando uno podía ser fuertemente reprimido por el solo hecho de asistir a una marcha.» Su esposo Daniel Molina indica que en los días posteriores a la matanza se vivía «un total estado de sitio», por lo que era imposible que los estudiantes realizaran reuniones o asambleas. «Todavía después del 2 de octubre a un compañero lo mataron por hacer una pinta.

Lo mataron por la espalda, en la colonia Obrera. El shock psicológico que sufrió mucha gente fue tan grande, que muchos prefirieron olvidar los sucesos, desterrarlos definitivamente de su mente y creer la versión oficial del gobierno. Muchísima gente tuvo esa reacción. De manera increíble se había esfumado aquella solidaridad y apoyo al movimiento de los estudiantes.»

Crónica del 68

Las movilizaciones llegaron a agrupar a más de 180.000 personas, pese a estar amenazadas por blindados del Ejército. La matanza del 2 de Octubre de 1968 vino precedida de una escalada de enfrentamientos y se enmarcaba en un ascenso de luchas y organización del pueblo mejicano; los estudiantes incluyen en sus reivindicaciones la lucha por las libertades y la denuncia de leyes y actuaciones represivas que impunemente llevan a cabo las fuerzas policiales.

El movimiento se va organizando y radicalizando ante la brutal represión. A finales de Julio, unidades del Ejército mejicano, ante la incapacidad de la policía son utilizadas para reprimir las manifestaciones estudiantiles. La tropa permanece en estado de alerta. La línea oficial del gobierno acusa al movimiento de influencias «extranjeras comunistas», pero las movilizaciones siguen en aumento.

Las manifestaciones congregan a más de 180.000 personas, y junto a los estudiantes caminan ya trabajadores mejicanos. La CIA y el FBI están en el punto de mira de las denuncias del movimiento estudiantil, acusan a algunos profesores y estudiantes de trabajar para ellas. Se forma un Consejo Nacional de Huelga, se comienza a elaborar una lista de estudiantes desaparecidos que integra 25 nombres y se celebran marchas de los estudiantes que han de recorrer las calles junto a los carros blindados; todos los efectivos policiales y varios batallones del Ejército se han puesto en alerta, pelotones de infantería, ametralladoras... la embajada de EEUU la custodian dos pelotones y diez carros blindados.

El 18 de Septiembre el Ejército ocupa la Universidad las personas detenidas en esas fechas suman 1.600 y se sigue empleando a los soldados. La masacre El 2 de Octubre se convoca un mitin en la Plaza de las Tres Culturas. Lo que reclaman los estudiantes es democracia: la derogación de un artículo del Código Penal, el llamado delito de opinión, la libertad de varios presos políticos, la destitución del jefe de la policía y el diálogo público entre el Gobierno y los estudiantes. Ya habían sufrido la represión, las detenciones y denunciaban la existencia de secuestrados y desaparecidos.

La plaza comienza a llenarse, acuden también muchos obreros, niños, mujeres, que muestran su simpatía hacia las reivindicaciones del movimiento, pero los carros blindados del Ejército convierten el lugar en una ratonera, cuando comenzaron los disparos nadie podía escapar de allí. El gobierno intentó ocultar el número de víctimas, la prensa extranjera habló de 500 muertos. Sus familiares se vieron obligados a certificar otras causas de defunción para poder recuperar los cadáveres.

La censura se volvió férrea. Hubo 6.000 detenidos, 2.000 fueron encarcelados, algunos de ellos durante varios años; sin juicio, o con procesos amañados y sin garantía alguna de defensa. El gobierno culpó a «elementos nacionales y extranjeros», los acusó de terroristas y desencadenó una brutal represión que obligó a muchos a exiliarse o abandonar la universidad y que se extendió durante los años posteriores.

La mano del Imperio

La lucha contra la impunidad no es una batalla del pasado, la mano del Imperio sigue estando detrás de las agresiones contra la libertad en cada rincón del planeta

La historia de Méjico ha sentido muy de cerca la vecina presencia de los EEUU. En el siglo XIX, la mitad de su territorio le fue arrebatado tras sucesivas guerras e invasiones. La intervención norteamericana ha sido constante y durante varias décadas sus servicios secretos se concentraron en la persecución y eliminación de líderes y movimiento revolucionarios.

El periódico mejicano Excelsior, publicó hace unos meses las conclusiones de un informe de la CIA, fechado en 1975, según el cual el presidente mejicano Gustavo Díaz trabajaba en total sintonía con la CIA desde que ocupó el cargo de ministro de gobernación. La agencia norteamericana presentaba informes diarios a Díaz para la eliminación de líderes revolucionarios.

En el reportaje de Excelsior también se da cuenta de la participación directa de la CIA y el FBI en el clima de terror creado en 1968: «Quien sí intervino en los sucesos de 1968, además de la CIA fue nada menos que el FBI. En 1968 la actividad terrorista del FBI se intensificó como parte de una ampliación de las operaciones de contrainteligencia en México y, según memorándum de Hoover fechado ese año y enviado al agregado jurídico: «es imperativo preservar a toda costa su cobertura, aunque se tenga que abandonar el plan de intimidación de líderes subversivos».

El movimiento estudiantil denunció sistemáticamente la intervención de agentes infiltrados que trabajaban para la CIA; durante esos años fueron constantes las desapariciones, los secuestros y el ametrallamiento de jóvenes a la salida de los colegios universitarios desde coches camuflados que actuaban con total impunidad; a ciencia cierta que muchos de ellos eran del FBI.

Deben conocerse todos los documentos que implican no sólo a los altos cargos del corrupto régimen del PRI, sino a los responsables últimos de Washington. La lucha contra la impunidad de los crímenes habidos en toda Iberoamérica ha de seguir avanzando hasta destapar todas las tramas que EEUU ha extendido para imponer el terror como método imprescindible en la expansión de su imperio. Pero nadie debe engañarse, esta no es una batalla del pasado para hacer justicia con las víctimas; la mano negra del Imperio sigue medrando hoy en cada rincón del planeta y lo seguirá haciendo hasta que la lucha de los pueblos por la libertad y la justicia los ponga a buen recaudo.

Beatriz Muñoz

Al llarg de 1968, estudiants d'una bona part del món occidental van plantar cara al sistema educatiu i es van revoltar davant els valors i pràctiques de la societat dominant. Sempre des de les universitats, els estudiants van agitar la moral de països adormits i van deixar clar que el conflicte social i generacional ja era inevitable. Tot estava canviant. En Mèxic, els estudiants de les universitats UNAM i IPN no pretenien una guerra, "ni tampoc els interessava el poder polític", segons recorda l'escriptor Carlos Fuentes en Los 68: París, Praga, México (Debate). Igual que a França, reclamaven drets civils, llibertat sexual i més democràcia. Eixe any, les facultats van entrar en vaga i el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, va exigir la llibertat dels centenars d'estudiants que havien estat detinguts en les primeres manifestacions. A l'agost, els estudiants van arremetre per primera vegada contra el president mexicà, Gustavo Díaz Ordaz (líder de la fracció conservadora del PRI). "El meu nom, ofès. El meu cognom, humiliat. El meu estat, la rebel·lia!", era la consigna oficial. En les aules, una pancarta resava: "En cada estudiant dorm un monstre, El problema és deslligar-lo". Al setembre, en la denominada Marxa del silenci, van protestar amb mocadors en la boca i l'exèrcit va acabar envaint els campus mexicans.




2 d'octubre de 1968.
Edifici Chihuaha, Plaça de les Tres Cultures, Ciutat de Mèxic, fa avui 40 anys, dies abans de l'inici dels JJOO que es van celebrar en la capital mexicana. Poc després que l'Exèrcit es retirés de les universitats, milers de persones es reuneixen per a clamar per l'obertura democràtica i rebutjar l'autoritarisme. Per ordre de Luis Gutiérrez Oropeza, cap d'Estat Major, deu franctiradors obren foc des de la torre de Tlatelolco. El foc tancat i el tableteig de les metralladores van convertir la plaça en un infern. Després, uns 50.000 estudiants són detinguts i apallissats, indefensos, nus i envoltats pels soldats que han pres la plaça. Encara no se sap quanta gent va morir aquella vesprada. El Govern va defensar que van morir unes 20 persones, però es va encarregar d'ocultar totes les proves. Segons el Departament d'Estat d'Estats Units, la seua ambaixada va estimar entre 150 i 200 el nombre de morts. Després de la massacre, es va instal·lar una morgue en la tercera delegació del Govern, on anaven arribant els morts amuntegats, cossos en mal aspecte, rematats amb ferotgia, amb les camises aixecades, els pantalons baixats i les cares ensangonades. Així ho van reflectir, a pesar de la confusió, les fotografies publicades en periòdics crítics com El Universal.




Qui va organitzar la massacre?
Al capdavant de Mèxic es trobaven Díaz Orgaz i el seu secretari de Governació, Luis Echeverría. Temerosos d'una revolució que acabés amb el seu mandat, van culpar els estudiants de provocar l'enfrontament i els cadàvers van desaparèixer en una fossa comuna. Unes 1.500 persones van ser empresonades fins a l'amnistia de 1971 i, durant anys, el poder judicial va rebutjar jutjar-los. En 2006, es va desestimar una demanda al·legant que els delictes havien prescrit. Luis Echeverría, únic imputat viu, va dir recentment: "No tinc res de què demanar perdó o ser perdonat". Els successos van deixar una ferida que encara avui continua oberta. Molts analistes coincideixen que el país va quedar dividit i cataloguen els successos com detonadors de la transició democràtica. Mèxic no oblida: durant una setmana, tres deixants dissenyades per l'artista Ximena Labra homenatjaran les víctimes en la Plaça de les Tres Cultures.

FUE UN DOS DE OCTUBRE
Jesús Ramírez Cuevas

Fotografías inéditas de las víctimas de la matanza del dos de octubre de 1968 en Tlatelolco. Ese día el Ejército y la policía política dispararon contra una multitud desarmada, convocada por el movimiento estudiantil. Las dramáticas imágenes registran un momento histórico y son testimonio irrefutable de hechos que aún lastiman la conciencia nacional. Salvadas del olvido decretado por el poder y rescatadas de algún archivo policial, su publicación está animada por un compromiso con la verdad y la justicia, para que en México no se repitan tragedias como la de la Plaza de las Tres Culturas. Los muertos de las imágenes acusan a los responsables desde el silencio




A 37 años del trágico episodio de la historia mexicana, se siguen negando la verdad y la justicia. El poder judicial sigue siendo el obstáculo para juzgar a los funcionarios responsables de la matanza de Tlatelolco.

La aparición de nuevas y dramáticas fotografías, rescatadas de archivos olvidados, ayuda a recordar la barbarie planeada desde el poder.

Después de más de tres años de investigaciones, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado solicitó a un juez federal aprehender al ex presidente Luis Echeverría Alvarez, al ex procurador general de la República Julio Sánchez Vargas, y a otros seis ex funcionarios y militares, por su presunta responsabilidad penal en el crimen cometido contra el movimiento estudiantil en 1968. El juez rechazó la demanda alegando que ya prescribieron los delitos.



La joven murió mientras se arreglaba para salir. Como ella, varios vecinos fueron asesinados en sus casas en Tlatelolco ese 2 de octubre. Es la primera vez que se publica una imagen de ello
La versión del gobierno de entonces fue culpar a los estudiantes de provocar el enfrentamiento con el Ejército. Ahora se sabe que el gobierno urdió un plan y ordenó disparar contra una multitud desarmada en la Plaza de las Tres Culturas. Así lo confirman testimonios de soldados, víctimas y testigos de los hechos.

No se sabe a ciencia cierta cuánta gente murió aquella tarde. El gobierno minimizó los hechos y dijo que sólo hubo 33 muertos. En esa explanada hay un pequeño monumento que lleva inscritos 35 nombres (estos años se amplió la lista a más de 40). Existen datos de la prensa extranjera y de fuentes de inteligencia estadunidenses que hablaron entonces de 200 muertos.

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La fotografía lo dice todo. En ella aparecen 11 personas muertas en la morgue de la tercera delegación la noche del dos de octubre de 1968. La mayoría yace tirada en el piso sucio y manchado de sangre. Muchas llevan la camisa levantada y el pantalón bajado, alguno más quedó con la mano estirada, tal como los dejaron los policías que ahí los depositaron. Algunos perdieron los zapatos y tienen el rostro ensangrentado.

El lugar estaba lleno de cuerpos. A esa delegación, ubicada a un lado de la Lagunilla, llegaron por lo menos 23 muertos de Tlatelolco. Hay otras fotografías de Manuel Rojas de ese lúgubre lugar que muestran a otras 12 víctimas (publicadas por El Universal en 2002).



Los muertos de Tlatelolco hacinados en una ambulancia. "Esos cuerpos están dando mal aspecto, échenlos para debajo de la plaza", ordenó un oficial a un soldado Fotografía Comite 68
La foto revela también otras cosas. Las heridas hablan de la saña con que fueron abatidos, su hacinamiento añade el desprecio que sus victimarios sentían por ellos. Al negarles un trato humanitario, se ratifica la versión oficial que culpa a las mismas víctimas del crimen cometido.

Otra placa registra al menos cinco cuerpos amontonados en una ambulancia improvisada. Los policías revisan los registros antes de franquearles el paso con rumbo desconocido.

Distintas fotografías muestran, desde distintos ángulos, a una mujer joven muerta esa tarde aciaga, dentro de un modesto departamento de un edificio de Tlatelolco. Las placas fueron arrancadas de un archivo policiaco.

El cuerpo de la joven está tendido entre una cama y un ropero. Su mano cerrada sostiene un peine, lleva un collar de cuentas, el suéter puesto y una impecable blusa clara, como si se preparara para salir. El cuerpo está girado, las piernas cruzadas y algunas manchas oscuras salpican su ropa y rostro. Sobre el piso de madera, debajo de su testa nace un charco de sangre que se confunde con su cabellera. Una bala le atravesó la cabeza.

Se sabe que hubo muertos y heridos en los departamentos de varios edificios de la unidad habitacional Tlatelolco, pero no se conocían fotografías.

Los muertos

La cifra oficial de muertos decretada por el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, fue de 33 personas.



A la entrada del edificio Chihuahua, donde decenas de jóvenes fueron puestos de espaldas contra la pared. Los vigila un soldado con rostro de niño, que lleva su fusil al hombro y su cartuchera al cinto
Según informes de la Dirección Federal de Seguridad encontrados en el Archivo General de la Nación, se menciona a 31 fallecidos, 26 de ellos por arma de fuego.

El dato revelador de los documentos es que 22 personas murieron por disparos de trayectoria horizontal, sólo cuatro con trayectoria descendente (por disparos desde lo alto de un edificio) y tres más por bayoneta militar.

Esta descripción forense contradice la versión del gobierno que quiso inculpar a los estudiantes declarando que la mayoría había muerto por disparos hechos desde lo alto del edificio Chihuahua, donde también estaban apostados los miembros del Batallón Olimpia.

Sin embargo, de acuerdo con sus propios registros de entonces, la mayoría de las víctimas contabilizadas por el gobierno murieron por balas expansivas disparadas por los soldados que ocuparon la plaza.

De esos 25 hombres y seis mujeres asesinados, la mitad eran jóvenes de entre 13 y 20 años, aunque sólo 12 eran estudiantes.



Tanques frente a Palacio Nacional. Tras el acto oficial para izar la bandera en el Zócalo el 28 de agosto, la muchedumbre fue dispersada por 14 tanques y soldados que salieron de Palacio Nacional
Según testimonios, al Servicio Médico Forense llegaron por lo menos 40 cadáveres, pero hubo más en otros sitios como la tercera delegación.

Hace diez años el Departamento de Estado de Estados Unidos desclasificó documentos secretos de inteligencia donde señala que en 1968, la embajada de ese país en México había calculado entre 150 y 200 el número de muertos.

El gobierno registró cuánta gente murió esa tarde, pero ocultó las evidencias y borró las pruebas. No obstante, la memoria del hecho persiste y, de cuando en cuando, aparecen nuevas pruebas que se creían perdidas.

Al día siguiente se informó a la ciudadanía que los mismos estudiantes habían matado y herido a sus compañeros y a soldados. Hoy ya nadie lo cree.

El fantasma de las víctimas sigue persiguiendo a los verdaderos asesinos.



http://video.aol.com/video-detail/viejoblues-la-matanza-de-tlatelolco/449638676/?icid=VIDURVENT04

http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_estudiantil_de_1968_en_México

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